Border / Gräns

La película del iraní Ali Abbasi tiene todo lo necesario para replantearnos los conceptos de belleza, identidad y confrontación.


Las películas incómodas han sido parte fundamental del crecimiento y la evolución de los géneros a través de la historia del cine. Hemos presenciado como algunas se han convertido incluso en clásicos y referentes, a pesar de tener escenas siniestras o nauseabundas. En A clockwork orange (Dir. Stanley Kubrick, 1971) vimos a Alex DeLarge cometer crímenes por el placer de la violencia; en The human centipede (Dir. Tom Six, 2009) había turistas convertidos en un mismo animal como experimento de un cirujano desquiciado; en An American crime (Dir. Tommy O’Haver, 2007) nos contaron la historia escalofriantemente real del secuestro y tortura de Sylvia Likens; y en Imprint (Dir. Takashi Miike, 2006) conocimos a la versión terrorífica de una hermana mientras aguantábamos escenas de agujas clavadas entre la carne y las uñas de la protagonista. Hay algo en las películas confrontativas que nos mueve, nos molesta, nos inquieta, y las vuelve imborrables en nuestra memoria. Es por eso que son tan valiosas y seguimos buscándolas: Podemos quejarnos de la incomodidad, pero sabemos en el fondo que ese sentimiento tiene algo que enseñarnos.



Ya está en las carteleras mexicanas Border, película sueca del 2018 dirigida por el iraní Ali Abbasi, basada en la historia corta del conocido escritor John Ajvide Lindqvist (Let the right one in). Es la historia de Tina (Eva Melander), una mujer con una apariencia singular que trabaja en la seguridad del aeropuerto, donde gracias a sus dotes sensoriales detecta con facilidad a gente que esconde cosas, desde artículos físicos hasta sentimientos de culpa o vergüenza. Gracias a su efectividad, comienza a colaborar con la policía para desmantelar a una banda que comete horrorosos crímenes, siempre bajo la mirada inquisitiva de la gente que la rodea, quienes indudablemente se preguntan por qué se ve tan diferente. Un día, mientras cumple sus deberes, ve pasar a un hombre que también tiene una apariencia extraña, lo que la inquieta de sobremanera. Él resulta ser Vore (Eero Mionoff), y se hace amigo de Tina prontamente, ya que comienzan a entenderse al ver que comparten peculiaridades. Tina, que disfruta mucho la libertad y a la naturaleza, empieza a descubrir que no es exactamente lo que ella creía, y en cierto momento se ve confrontada para decidir en qué mundo quiere quedarse.



Border (llamada Gräns en su idioma original) es una película de ciencia ficción, pero también un cuento con moraleja que parece destinado a convertirse en un clásico. Nos enseña que el espectro de la condición humana (y animal, de paso) no es precisamente bueno ni malo, y que los comportamientos son muchas veces más decisiones que instintos. La principal característica de la película es la incomodidad, pero no nos cerremos ni nos asustemos por ello: entre escenas de bebés extraños, nuevas identidades de género, terribles crímenes y feas apariencias, nos enseña que la belleza radica en nuestro comportamiento y pensamiento, y que la bondad está por encima de cualquier estructura social y concepto de hermosura con el que se nos haya adoctrinado.



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