El Bar

Un cinta interesante de Álex De La Iglesia que destaca por la originalidad de su discurso. Un grupo será presa de su pánico y vivirá en terror absoluto al no poder salir del bar.



Qué interesante se vuelve el confinamiento cuando lo vivimos de cerca. Hay muchas películas que tienen como base la claustrofobia y el aislamiento de un grupo, pero son pocas las que se pueden destacar por la originalidad de su discurso, o que se atreven a darnos un extra dentro de la tensión y el estrés que buscan provocarnos.


Hablando de encierros y preocupación, es oportuno mencionar a El Bar, del director español Álex De La Iglesia (Balada triste de trompeta, Mi gran noche). La película nos cuenta acerca de un bar en Madrid (con más cara de cafetería, pero se entiende el término) que tiene en un momento de la mañana a varios clientes tomando distintos alimentos: algunos van de camino al trabajo, otros estás dispuestos a quedarse largo rato, otros están de camino a citas. La dueña, Amparo (Terele Pávez), va atendiendo a todos los comensales que llegan, ayudada por su asistente Sátur (Secun de la Rosa). No discrimina a nadie, ni siquiera a un vago (Jaime Ordóñez) que sólo va a pedir alcohol, ni aun hombre que corre hacia el baño con una tos por demás desagradable (Daniel Arribas). Entra también al bar una bella joven a buscar un cargador (Blanca Suárez), y al fondo pueden verse una mujer entretenida en una máquina tragamonedas (Carmen Machi) y a un hipster clavado en su tablet (Mario Casas). Todo transcurre con normalidad hasta que uno de los tantos clientes paga su consumo y sale, entonces sucede una tragedia. A partir de esta situación, los personajes mencionados vivirán terror absoluto al no poder salir y ser presas de su pánico, de la desconfianza que se genera entre extraños, y las pocas posibilidades de salir vivos de una situación surreal y espeluznante.



El Bar, estrenada en 2017, es una nueva locura de De La Iglesia, que también fue su guionista. El director tiene ya acostumbrado al público a situaciones atípicas que ponen a sus protagonistas al borde de la locura y las decisiones arriesgadas. Esta película nos incluye, por ejemplo, litros de aceite combinados con aguas negras, muchas heridas, un incendio y un cuerpo con un proceso de descomposición bastante asqueroso. Las escenas nos mantienen en suspenso durante todo el filme, y al mismo tiempo manejan mensajes que llevan a su espectador a preguntarse cómo reaccionaría ante lo inevitable y lo perturbador: ¿En qué momento la vida privada tiene que ser exhibida?, ¿Los prejuicios valen para ponerle una etiqueta a alguien? ¿Se puede mantener la neutralidad y la justicia cuando la supervivencia está en juego? ¿Quién vale más cuando no hay otro remedio que elegir?


El Bar pudiera recordarnos a muchas películas en las que existen situaciones límites, pero esta se destaca por ese humor negro tan característico y encantador de De La Iglesia, que no se limita y nos lleva en un viaje de risas nerviosas, gritos, estrés y escapes imaginarios. Álex, siempre inspirado en las películas de terror que se han convertido en sus referencias (en esta haciendo un claro homenaje a Buñuel), nos obsequia una trama que va ad hoc con estas épocas y nos recuerda que, si bien nuestra situación actual no es la ideal, es una especie de consuelo recordar que en el encierro siempre podríamos estar (mucho) peor.


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