Una taza de café de seis dólares

Los realizadores Alejandro Díaz y Andrés Ibáñez nos traen el documental perfecto para entender lo mágico de la taza de café que bebemos cada mañana, y lo importante que es valorizarla.



Escribo esto mientras tomo un americano, como cualquier otra mañana. Me gusta mucho prepararlo en prensa francesa, pensando en que así es como consigo el mejor sabor... Y hasta ahí había llegado mi profundización con respecto a esta bebida. Hasta ayer que pude ver el documental Una taza de café de seis dólares, nunca me había detenido a pensar la cantidad de personas y trabajo de había detrás de lo que yo veía sólo como parte de mi rutina.


Este filme, codirigido por Alejandro Díaz San Vicente y Andrés Ibáñez, nos muestra los hermosos cafetales de Chilán, Chiapas, donde conocemos a la cooperativa Yomol A’tel, formada por familias indígenas tseltales productoras de café que atraviesan por momentos difíciles, ya que tienen que lidiar con una plaga terrible llamada roya al mismo tiempo que buscan sobrevivir con las pocas ganancias que genera la venta de su producto.


¿Por qué, si el café es la segunda bebida más consumida del mundo, los productores están recibiendo tan poco? Existe una cadena en la que ellos están resultando ser los menos beneficiados. El café verde que producen se lleva a los tostadores (otro paso vital que tampoco es adecuadamente remunerado), y luego se distribuye, se vende, se prepara y al final llega a las manos del cliente. Todos estos pasos dificultan un pago igualitario para los involucrados en este proceso, y este tema se desmenuza claramente en Una taza de café de seis dólares. Alejandro y Andrés filmaron este largometraje durante cuatro años debido a que estuvieron viajando a Seattle y a la selva norte de Chiapas, buscando las fechas más adecuadas para mostrarnos cómo vive la gente que integra la cooperativa, como trabajan en tiempos de cosecha, a los colaboradores ayudándolos a encontrar un comercio más justo en el extranjero, y varias entrevistas con gente que interactúa en cafeterías de especialidad, quienes nos cuentan los pros y contras del consumo del café en la actualidad y cómo nuestras costumbres impactan a la industria.



Parecería que el documental juzgaría o quisiera adoctrinar al espectador, pero nunca es así. Se enfoca en mostrarnos el panorama completo de un equipo (desde el productor hasta el barista) que hace todo lo posible para ofrecernos la mejor calidad en cada taza que bebemos, y nos cuenta cada punto de vista con el fin de que apreciemos lo mucho que se requiere de cada área para que nosotros sólo nos dediquemos a disfrutarlo (ellos mismos contaron que iniciaron este proyecto debido a que eran fanáticos del café sabiendo casi nada acerca de él). Sin embargo, la lección más importante de este filme es la expresa durante una entrevista el diseñador y experto en café, Brian W. Jones: “Uno no debería impresionarse por una taza de café que cuesta seis dólares, sino por una que cueste un dólar, porque si es tan barata, y realmente entiendes el proceso detrás del café, sabes que alguien fue defraudado en el camino”.




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