Perdí Mi Cuerpo - J'ai perdu mon corps


Nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película de Animación, Perdí mi cuerpo es un una maravillosa historia basada en nuestra memoria y los sentidos. Ya está en Netflix.



Hay una mano reptando en los suelos de la morgue. Busca algo, se sube a aquello a lo que pueda treparse. ¿A dónde podría dirigirse una mano? ¿Qué quiere y cómo va a conseguirlo, si le hace falta todo un cuerpo? son preguntas que me llegan a la mente mientras veo las primeras escenas, pero la más importante salta como alarma en la cabeza: ¿De quién es esa mano?



J'ai perdu mon corps (en español Perdí mi cuerpo) es la película francesa animada de Jérémy Clapin que fue premiada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes en el 2019. Empieza por mostrarnos a una mano que se sale de la bolsa en la que la guardaban y, entre peligros y sustos, recorre las calles de París. Luego nos transporta a un escenario en blanco y negro donde observamos a Naoufel, el protagonista de esta película. Nos cuenta de cómo vivía cuando era pequeño, de sus padres, sus hobbies y sus experiencias. Después de un trágico incidente, lo volvemos a ver ya como un adulto joven, que se nota apagado y apático con el rumbo que su vida ha tomado, hasta que por circunstancias laborales se encuentra con Gabrielle, y ella es el detonante para que Naoufel decida darle un vuelco a su vida.


Efectivamente, estamos hablando de una película de dibujos (y un poquito de cg), cuya historia está plagada de emociones, sentimiento y mensajes poderosos: Perdí mi cuerpo es una animación para adultos. Este relato va desde el tedio laboral hasta el primer amor, pasando por las relaciones con los seres queridos y con los que nos son impuestos. Las manos de Naoufel nos remiten a las vivencias de nuestras propias manos: Él siente la arena de la playa, y nosotros recordamos esa agradable sensación de vacaciones, sol y brisa; toca el piano, y nosotros nos trasladamos al recuerdo de cualquier instrumento musical que nos haya emocionado tocar. La fabulosa dirección de Clapin y las nostálgicas ilustraciones logran que nos revivamos a través del protagonista, y empatizamos con él gracias a sus recuerdos, que adaptamos subconscientemente un poco a los nuestros.


Clapin busca también expresar la personalidad propia que tiene la mano por medio de sus movimientos, declaró en entrevistas que le fue difícil encontrar un balance adecuado para ello: No quería que se vieran atemorizantes (como los de una araña), ni graciosos (emulando a Thing, de The Addams Family). Él buscó que fluyera de forma más natural, como un ente en busca de lo que le hace falta. Y es precisamente ese otro de los pilares del filme: La sensación de pérdida, lo que extrañamos, lo que no tenemos y que muchas veces sólo podemos revivir a través de la memoria, con destellos que surgen gracias a nuestros sentidos: En los colores de un atardecer, el olor del cigarrillo, el sonido de un violonchelo, o la suave mano de un bebé.



Perdí mi cuerpo nos recuerda que la estabilidad y felicidad como la conocemos en nuestra cotidianeidad puede terminarse en cualquier momento, y nos lleva a preguntarnos si es el destino el que dirige nuestro camino hacia el infortunio. Sin embargo, la moraleja de esta increíble animación es precisamente acerca de eso: No importa lo que nos depare el futuro o la suerte, sigue estando en nuestras manos (como en la de Naoufel) el cambio de rumbo.



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